Translate

Saturday, November 29, 2008

Te maté

Canto a Dilawar.

Dilawar, fuistes un hombre común
el palpitar de tu corazón
seguia la cadencia del
viento hululando en
las montañas,
tu piel rasgada por
el cuchillo de la
brisa que no descansa
en su danza en el silencio
de los que
viven sus vidas tranquila.

Salistes de Yakubi rumbo
a Khost,
tus manos guiaban el volante
de tu nave sorteando el terreno
abrupto y tus ojos
se dejaban
guiar por
los sueños que te merodean
en tu noche,
soñabas viajando mas allá
de las montañas y más alto que las nubes
soñabas volando en las alas
gigantes de aves ensoñadoras,
querias llevar a tu pequeña
tomada de la mano
a esos cuentos
de principes y princesas.
Raudo tu taxi esquiva el
polvo que cicatriza la piel.

Dilawar, fuistes un hombro común
que pisastes la entrada
a la historia en una aviesa traición
te hicieron conocer el infierno
en esta tierra,
te doblegaron con las fuerzas
de las mentiras
tu cuerpo sirvio de merienda
a las ávidas árpias que no dejaron
nunca de picotear la seda de tu piel.

Tus ojos transparentes miraban
a los celadores con bondad
para otras con rabia
te solicitaban todo lo
contrario a tu fe,
te golpeaban con descaro,
tus veintidos años sirvieron
para consolar la rabia de los
cancerberos.


Dilawar, fuistes un hombre común
te colgaron del techo en ese
siniestro lugar de encierro,
desde ahí el sufrimiento subió
por tus miembros entumecidos
hasta tocar el nudo del miedo
extraviado en el espacio,
La llegada de la noche te espantaba
pues traia en su oscuro
manto la brutalidad
de los mensajeros de la muerte
para doblegar tu conciencia
y destruir la desnudez de tu cuerpo.


Te convirtieron en el nuevo
Jesucristo clavado
en el emblema de tus torturadores,
y al cuarto día de los tormentos
tu cuerpo desmembrado, roto
agujereado se rindio a los perros
de presa y tu alma envuelta
en las suaves alas de las mariposas
emprendio el rumbo al paraiso
de tus sueños.

Desde aqui muchos pensamos
cual fue tu crimen,
para morir de esa manera,
muchos llevaremos tu nombre
grabado en el rincón más
sagrado de nuestras conciencias
Dilawar, fuistes un hombre común.
A song for Dilawar.
Dilawar, you were an ordinary man
the beating of your heart
followed the cadence of
the ululating wind
in the mountains,
your skin torn by
the knife of the breeze
that does not rest
in their dance in the silence
of those that live their quiet lives.
You go out course of Yakubi
to Khost,
your hands guide the wheel
of your ship circumventing the
abrupt ground and your eyes
will guide
the dreams that prowl
on your night
dreams traveling beyond
the mountains and taller than the clouds
dreaming flying in the wings
of reveries giant birds,
you wanted to bring your small one
taken by the hand
to these stories of princes and princesses.
Swift your taxi dodge
the dust that heals the skin.
Dilawar, you were an ordinary man
you step the entry
to history in a malicious betrayal
they let you know the hell
in this land,
they bend you with
the forces of lies.
Your body served as a meal
to the greedy shrew who did not leave
never peck on the silk of your skin.
Your eyes looked transparent
to the guards with kindness
but other time with angry
they asked everything
contrary to your faith,
they beat you with impudence,
Your twenty-two years served
to console the anger
of watchdog.
Dilawar, you were an ordinary man
they hung you from the ceiling in that
sinister place of confinement,
from there your suffering went up
to bring your numb members to a halt
until touch the knot of fear
lost in space
the arrival of the night horrified you
because brought in his dark
mantle brutality
of the messengers of death
to break your conscience
and destroy the nakedness of your body.
They transform you
in the new Jesus Christ nailed
to the emblem of your torturers,
in the fourth day of torment
your body dismembered, broken,
pierced, surrendered to the dogs
of prey and wrapped your soul
in the gentle wings of butterflies
embarked on course to paradise
of your dreams.
From here many think
which was your crime?
to die that way,
many will take your name
recorded in the sacred cornerof
our consciences
Dilawar, you were an ordinary man.
Post a Comment