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Tuesday, December 12, 2006

El carruaje


Condor.

Militares
de verde,
militares
de azul,
militares
de blanco
seres multicolores, asesinos
con tu nombre
abrieron una hoja
para escribir con el rojo
una tragedia.

Tú, vuelas libre más allá del
alcance de las disquicisiones
y las mentiras,
lejos,
lejos,
lejos,
de los horrores.

Los bellacos
raptaron tú nombre
para llevarte
por la geografía del sur
creando las infamias
urdiendo patrañas
crimenes pospuestos
pasquines de un día
anunciando venganzas
de quehaceres inventados
hermanos matando hermanos
las mamparas de mi América
con un golpe seco
cayeron con los cruentos
crimenes,
las celosias no dejaban ver
la angustia reflejada en sus cortinas
y en cada rostro
el enigma de las torturas.

Tú, vuelas libre más allá del
alcance de las disquicisiones
y las mentiras,
lejos,
lejos,
lejos,
de los horrores.

Condor, hay si te contara
en tu vuelo audaz
sobre las montañas más altas,
fuistes ajeno
a los vuelos de la muerte
de seres frios y alados,
metálicos, derramando aceites
y olores de usinas
llevando en sus entrañas
las vidas ya arrebatadas
con un certero golpe
de los cuchillos asesinos.

Condor, condor, hay si te contara
dictadores, analfabestias,
satrápas recibiendo la dádiva
verde asquerosa,
mullidos
en sus cobijas,
con la sombra siniestra de los monjes
con la cruz
y el púlpito en las cámaras de tortura
proyectando
la cornucopia maloliente
de los rezos y los maleficios.

Ellos, los hacedores de la muerte
reunidos en siniestras habitaciones
cavilaban las diferentes formas de la muerte
de muertes pausadas,
muertes violentas,
muertes edulcoradas,
libando los ácidos humores
del odio.

Tú, vuelas libre más allá del
alcance de las disquicisiones
y las mentiras,
lejos,
lejos,
lejos,
de los horrores.

Pero el amor presente, valeroso
tendio sus alas
recibiendo en ellas las heridas,
lágrimas, dolores
transformándola en agua de los manatiales
tratando de entibiar las secas paredes
de las vesanías.
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