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Thursday, June 28, 2007

La ventana

Viento, mar y nubes.


Viento, mar y nubes
trepan, corren
empujan
tratan de arrancar
se deslizan por las murallas,
por las acequias reptan
buscando una salida
a los hombres,
el nuevo terror
los quiere conquistar
terror que ha entrado
por los vericuetos
de los húmedos cerebros enmohecidos
de los que quieren un nuevo orden.

El viento
se retuerce
trata de escapar
fue cogido
fue vendado
amarrado
es valiente se retuerce
siente el golpe
seco, métalico
de la electricidad
su cuerpo es invadido
por miles de hormigas
que buscan un refugio,
todas sus visceras
se escapan
por las grietas del dolor
lentamente
la desesperación y
la angustia se transforma
en suplicio diario, se reconcilian
en una búsqueda
de alma y cuerpo
en una comunión terrenal.

El mar azota sus brazos a las rocas
conoce la tortura
y de su huella lacerante
y a pesar de los elementos



llora
la rabia
impotente
de no poder
mecer los cadáveres
entre sus brazos espumosos
y cantarle villancicos de
amor y pájaros.
Ellos descansan
en el lecho frio de su vientre
transformándose en hipocampos,
nautilus y caracolas
que conquistarán la tierra
celeste, verde y excecrada,
el cochayuyo,
el liquén
las algas
se acongojan
y secan sus lágrimas
con el manto esmeralda
anunciando
con la rosa de los vientos
que la muerte vive
---en casas sin nombres
---en vehículos negros
---ronda en los trémulos
esqueletos de valientes soldados
que comparten día a día
codo a codo con la muerte
el regocijo de los niños
sin ojos.

Las nubes
silenciosas vuelan
recorriendo mi espacio en un segundo
recogen los ecos
de la gran batalla,
entre los bravos soldados
pintarreajeados
matando mujeres embarazadas
y odiosos terroristas de
cinco a diez años,
¿porqué?
sus combates son desiguales



siempre
en las salas de tortura
en vehículos sin placas
o las encerronas
en las poblaciones
donde veinticinco valientes
golpean a un anciano.

Las nubes
se trasladan rápidas
efímeras contando
como todo ha cambiado
nuevos códigos de señales
nuevos ruidos guturales
nadie te protege
y las botas militares
giran
giran
giran
giran.
Alrededor de todos
la sonrisa leal y franca
hay que dibujarla en el pamfleto
y repartirla clandestinamente,
el abrazo cálido hay que darlo
antes de que el sol
se despida detrás de las montañas
pero cuidado
no te vayan a sorprender
mirando las palomas
o que descanses tendido
en el trigal
mirando hacía lo alto
contemplando el paso displicente
de las nubes.

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